Ayer, el presidente Donald Trump implementó su nueva gama de aranceles a las importaciones estadounidenses llamados aranceles recíprocos. Además de los anunciados el miércoles pasado (Día de la Liberación), Trump incluyó un gravamen adicional a las importaciones chinas en represalia por la decisión de China de imponer un arancel del 34% a las importaciones estadounidenses, que a su vez fue una represalia contra el aumento del 34% de Trump a las importaciones chinas propuesto la semana pasada.
«Trump va a conseguir algo que seguramente no buscaba: la cohesión de todos los países que quiere fragmentar y que de un modo u otro necesita.» Quizás la lección para los europeos venga de América Latina. Una semana después de la histórica confrontación entre el presidente colombiano Gustavo Petro y Donald Trump, conversamos con Ernesto Samper sobre lo que significa para la región el agresivo proyecto expansionista de Trump.
Jair Bolsonaro está ahora a la espera de juicio acusado de planear un golpe de Estado, privando al bloque de extrema derecha de Brasil de su cabeza visible. Sin embargo, con las elecciones presidenciales previstas para el año que viene, la izquierda brasileña aún no encontró un candidato que pueda igualar el atractivo popular de Lula. México parece la excepción, al menos por ahora. Pero esta excepción tuvo reglas no escritas aunque muy precisas: La sucesión encarnada en Claudia Sheinbaum Pardo, requirió primero «la ruptura del tradicional PRI» y, tras la conformación de Morena, una gestión adecuada de AMLO. Sin romper lo viejo parece no emerger lo nuevo, sostener el criterio de unidad anterior esteriliza la construcción de una nueva alternativa y aún rompiendo, sin una gestión anterior adecuada la transición hubiera sido difícil de lograr. Como en otras experiencias en el continente – lo mismo sucede en Colombia con Petro – y como regla, la sucesión de liderazgos populares históricos, manteniendo la vieja «unidad», tiene como punto de llegada el dominio de la aleatoriedad y sin garantías.