Como cada 7 de agosto, hoy la Iglesia Católica celebra a San Cayetano de Thiene, sacerdote italiano que fundó la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, y que es conocido por sus devotos como el patrono del pan y del trabajo.
San Cayetano es muy querido en Argentina. Por eso, desde 1970, miles de devotos celebran su fiesta en el Santuario de Liniers, Buenos Aires. Ese día, los peregrinos suelen cambiar las tradicionales velas y flores que adornan la iglesia por alimentos y ropa, para que sean distribuidos en las regiones más necesitadas del país.
El Papa Francisco, cuando era Arzobispo de Buenos Aires, presidió la Misa central de la fiesta litúrgica de San Cayetano durante varios años. Sin embargo, el volumen político de San Cayetano y las marchas populares a su templo, crecieron exponencialmente durante la última dictadura y tuvo un actor principal: Saúl Eldover Ubaldini, al que hoy, en el día de San Cayetano, queremos recordar.
¿Qué es el imperialismo MAGA? El editor de Monthly Review, John Bellamy Foster, dice que, a pesar de sus fintas hacia el aislacionismo antiimperialista, la política exterior del presidente Donald Trump se ha fusionado en una forma «hipernacionalista» de populismo conservador que rechaza la adhesión de Estados Unidos al internacionalismo liberal después de la Segunda Guerra Mundial y promueve el dominio sobre otros países a través del poder militar en lugar de la globalización económica. Foster explica que esta «doctrina Trump se opone a los imperios multiétnicos y las naciones multiétnicas», que operan bajo una «definición racial de política exterior, con la noción de que Estados Unidos es un país blanco y otras etnias no pertenecen». Y aunque algunos análisis de la coalición de Trump ubican su base en la «clase trabajadora blanca», en realidad esta ideología está arraigada en la clase media baja, que posee más propiedades y se opone menos a la clase capitalista rica. «Si nos remontamos a la década de 1930, a Italia y Alemania, es el mismo electorado que impulsó el movimiento fascista, pero es el resultado de una alianza entre el gran capital… y la clase media baja.
El gobierno de Javier Milei asumió con una narrativa muy explícita de devolver confianza a los mercados, lo que suponía, entre otras cosas, adecuar incentivos para aumentar los flujos de inversión extranjera. En una economía atravesada por la restricción externa, la expectativa residía en disminuir el “riesgo político” (o “riesgo kuka”) consolidando a La Libertad Avanza en todo el país, para de esta manera generar un mejor “clima de negocios” y atraer capitales que fomenten el empleo privado y estimulen la actividad.
Sin embargo, luego de un año y medio de gestión, y con políticas públicas de fuerte incentivo al sector privado como el Régimen General de Grandes Inversiones (RIGI), esos flujos de inversión no terminan de consolidarse. A juzgar por las últimas informaciones publicadas, parecieran por el contrario estar huyendo de Argentina, dejando al Gobierno en evidente contradicción entre lo que pregona y lo que consigue.