El grito cinematográfico de Rod Tidwell, aquel receptor de fútbol americano en la película Jerry Maguire, suplicando «!Show me the money!» (¡Muéstrame el dinero!), ha trascendido la pantalla para convertirse en un eco grotesco de la diplomacia financiera contemporánea. En un giro tragicómico de la geopolítica, es el presidente argentino quien, en la realidad, se encuentra en la posición de tener que exigirle algo similar al secretario del Tesoro estadounidense y a la sombra aún alargada de Donald Trump.
Las primeras reacciones del oficialismo nacional por el adverso resultado electoral de septiembre en la provincia de Buenos Aires giró en torno a la supuesta preferencia de ese electorado por “cagar en un balde”. Esto dio pie a una conversación infinitamente más interesante acerca del acceso a servicios básicos en territorio bonaerense. En mi caso, me hizo pensar también en lo poco que sabemos sobre lo que pasa con nuestros efluentes una vez que apretamos el botón. No es una conversación muy agradable, pero es algo sobre lo que tenemos que hablar más.
Hace más de cinco años, el 28 de enero de 2020, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio a conocer su plan de paz para Palestina en una ceremonia celebrada en la Casa Blanca a la que asistió el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. El plan fue redactado por el yerno de Trump, Jared Kushner. Durante su campaña electoral, Trump se había comprometido a negociar lo que él denominó el “acuerdo del siglo” entre los árabes y el Estado de Israel, una expresión que Netanyahu repitió en sus efusivos elogios al presidente estadounidense durante el acto.