Francisco asumió un rol que desbordó el clásico límite espiritual: decidió intervenir en el orden económico y social de manera explícita, algo que resultó desconcertante para muchos y muchas, corporaciones, dirigencia política y medios de difusión: “no puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa”.