El affaire Kuider, además de la corruptela explícita, muestra que al interior del sello jurídico-político nominado como «peronismo», siempre se despliega el proyecto de los sectores dominantes. Lo hizo con gran violencia en los años 70 , en los años 90 consensuado, donde logró ser hegemónico y lo hace hoy, donde el ex senador entrerriano es , apenas, un síntoma. Obviamente el proyecto interno al servicio de la dominación adquiere formatos específicos en cada coyuntura. Siempre fetichizado, aparece «como lo que es»: Opacando su vínculo con los sectores dominantes, incluso criticándolos y duramente. El que mejor lo plantea en términos teóricos y políticos es John William Cooke, leerlo es algo más que conocer historia. Va una lectura desde un drone de su obra. Hay otras.
A fuerza de admisión social el show del freak actual ha llegado a ocupar nada menos que el aparato de Estado y su poderosa máquina represiva.
La orientación política más amplia de Trump es la de un nacionalismo estadounidense pragmático y conservador, a veces proteccionista y a veces pro libre mercado. Básicamente aspira a defender y promover los intereses nacionales y de sostenimiento de la hegemonía de Estados Unidos, con especial protección y preferencia para empresarios industriales en la política doméstica y predominio geopolítico de matriz imperial en su política exterior, modelada básicamente por y en la disputa, primero comercial y ahora tecnológica – pero también militar – con China, conflicto que escaló notablemente en el último lustro, aunque lleva ya más de dos décadas. La mirada de Adam Tooze.