Las áreas de economía, seguridad e infraestructura del nuevo gobierno argentino podrían quedar en manos del macrismo, una de las facciones de la «casta» que el presidente electo ha prometido combatir. Buques insignia, como la dolarización inmediata, parecen quedar atrás.
El nuevo presidente de Argentina, Javier Milei, encarna el neoliberalismo zombi de los años noventa, pero con un nuevo soporte anclado en parte de la estética de época, el fracaso del peronismo dolce&gabbana, en el marco del gran deterioro en la salud mental comunitaria que no creó, pero potenció la pandemia.
A sabiendas del desvarío sobre la austeridad eterna que el neoliberalismo ha pregonado de manera detallada desde el golpe de Estado de la dictadura cívico militar argentina en adelante, con motosierra incluida esta vez, la evidencia histórica demuestra que detrás de un disfraz de palabras como eficiencia, corrupción, déficit o emisión monetaria, siempre están los negocios, principio y fin de su accionar político. Así las coss, que los dueños del país se queden con más activos del Estado y los pobres pongan el hombro y el bolsillo para ordenar los negocios del establishment en nombre de BlackRock, parece un hecho votado por muchos argentinos conscientemente o no.