Quizá lo más sorprendente de la postura de Roger Waters no sea la postura en sí, sino que ahora ésta ya no solo no se acepta, ni siquiera se comparte, sino que se difama y se persigue. Waters se ha mantenido fiel a sí mismo, pero los tiempos han cambiado. Dirigidos por fuerzas que quieren dictar lo que está bien y lo que está mal, ya no toleran su opinión y atacan no solo a su persona, sino a su obra.