El modelo impulsado por el gobierno de Javier Milei apuesta a equilibrar cuentas reduciendo transferencias y liberalizando la economía, pero lo hace en un entorno global incierto y sin reforzar mecanismos de protección o estímulo a la capacidad productiva doméstica.
Esa definición conceptual y política surge de los escritos de John William Cooke, el más notable ideólogo y dirigente del peronismo resistente en los años 60.
Cooke utilizaba la metáfora del «gigante invertebrado y miope» para describir críticamente al peronismo tras la caída de Juan Domingo Perón en 1955. Con estos términos se refería a: Gigante: Por su enorme masa social y capacidad de movilización popular. Invertebrado: Por su falta de una estructura orgánica sólida y una conducción política clara en el territorio.
Miope: Por su incapacidad de ver más allá de las reclamaciones inmediatas o de corto plazo, careciendo de una visión estratégica a largo plazo.
Cooke sostenía que para que el movimiento pudiera recuperar el poder y transformar la sociedad, debía superar ese estado de desorganización y falta de perspectiva política.
Hoy todos estos atributos que señalara Cooke están en discusión y potenciados por las transformaciones estructurales de la sociedad, combinadas con las críticas explícitas o peor aún, las solapadas por la naturalización de su intento de intento de asesinato en 2002 y el apresamiento y proscripción actuales , al liderazgo histórico de Cristina Kirchner, la principal opositora al régimen.
El cronograma del plan del Pentágono para derrocar al régimen en 2001, según el general Clark, era de «siete países en cinco años». Como han demostrado los acontecimientos un cuarto de siglo después, ese escenario era extremadamente irreal.
No hay razón para suponer que Estados Unidos o Israel tengan una visión más clara que en 2001 de cómo se desarrollará esto. Lo único seguro es que no saldrá según lo previsto.Las brasas de la resistencia —en Gaza, Irak, Líbano, Siria, Yemen— no se han extinguido. Con el ataque a Irán, se están avivando.