La masacre de Río no fue simplemente un fallo de seguridad, sino un cálculo político de la extrema derecha para desestabilizar el orden democrático e interrumpir la proyección global de un Brasil que se estaba reconectando con el mundo bajo la bandera del diálogo y la justicia climática.
En el marco del Día de las Iglesias Evangélicas, Javier Milei recibió a los líderes de la Alianza que las agrupa y participó de una jornada de oración con pastores de todo el país. Haciendo historia, recordemos que en tanto algunos líderes e iglesias de FAIE desde los años sesenta se comprometieron con un “evangelio social” sensible a las demandas de grupos oprimidos y la defensa de los derechos humanos ante las dictaduras militares en América latina, ACIERA aglutinó a referentes e iglesias ideológicamente conservadoras. Su fundación está marcada por la transición del régimen militar (de 1976 a 1983) al democrático en Argentina, e internacionalmente por la Guerra Fría y la “nueva derecha religiosa” en Estados Unidos, promotora del anticomunismo y de una moral sexual conservadora. A eso se agrega el denominado «Sionismo Cristiano» dominante en estos grupos conservadores. Observemos este fenómeno más de cerca cuya intervención en el modelado ideológico particularmente en los barrios populares es creciente y recordemos la máxima thatcherista: «El método es la economía, el objetivo es el alma».
Salvador Mari del Carril le escribe a Lavalle en una carta de esas que «se leen y se rompen» -según recomienda- que fusile a Dorrego. Un nadie en la historia. Tres ignotos que la historia les tiene reservado el rincón más oscuro del olvido confirman la condena a Julio De Vido. Es una condena que también la alimentaron los cobardes mentecatos que se permitieron dudar de él por su mala prensa, sin elementos. Hay hombres que encarnan, con su sola presencia, la historia viva del peronismo. Hombres de acción, de pensamiento y de coraje. Hombres que no se doblan ni se venden. Julio De Vido es uno de ellos.