La creación del sionismo parte de una falsedad histórica. Judíos y Palestinos convivían sin problemas, antes de la creación del Estado de Israel (1948), como habían convivido en España con los musulmanes durante 800 años, hasta la llegada de los reyes católicos. Al sionismo se lo relaciona directamente con el judaísmo, aunque vale la pena aclarar que la inmensa mayoría de las y los judíos no son sionistas. Sabemos que es un movimiento político originado con la finalidad de crear el Estado de Israel. Se conformó a fines del siglo XIX y logró su objetivo en 1948. Para ello, desde su fundación como movimiento político hasta lograr su objetivo, fueron trasladando a las y los judíos perseguidos, principalmente en Europa, a Palestina. Esos masivos traslados fundando colonias, incluyeron también el acuerdo firmado con Hitler en 1938, por el cuál más de 60.000 judíos alemanes ricos pagaron su traslado a la Tierra prometida.
El poder de la imagen y la palabra es un tema fascinante que ha sido objeto de estudio y reflexión a lo largo de la historia. Ambas formas de comunicación tienen el poder de transmitir emociones, contar historias y comunicar ideas de manera efectiva. El poder de la palabra y la imagen reside en su capacidad para influir, comunicar y moldear la realidad. La imagen, con su impacto visual, puede transmitir información de manera rápida y efectiva, mientras que la palabra, con su riqueza semántica, puede construir significado, evocar emociones y generar cambios profundos. Ambas son herramientas poderosas que, a menudo, se complementan y potencian mutuamente. Veamos actuar la combinación de imagen y palabra en el caso de Cristina Kirchner, combinación que señalara en su alegato el Dr. José Manuel Ubeira en el marco del juicio por el intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner.
En las últimas semanas, el inesperado anuncio de la ex diputada laborista Zarah Sultana de un nuevo partido a la izquierda del Laborismo fue recibido con exultación por millones de personas en toda Gran Bretaña, desesperadas por apoyar una fuerza política que se oponga al apoyo de Keir Starmer al genocidio y la austeridad. Al momento de escribir este artículo, más de 650.000 personas se han inscrito para potencialmente afiliarse al partido. Y más allá de la opinión mediática, generalmente poco perceptiva, el anuncio también ha generado un florecimiento de debates en una izquierda británica muy consciente de su obligada ausencia del debate político general desde 2022.