Sentados en círculo en la Plaza Solís de La Boca, un grupo de niños y niñas de entre ocho y once años se juntan a jugar. Después de ir al colegio –los que todavía mantienen una regularidad escolar– se quedan a “ranchar” en la plaza. Ahí se encuentran tanto con algunos amigos del barrio como con otros pibes con los que “hay bronca”. Los días de frío son menos las infancias que se animan con poco abrigo a estar ahí, pero igual prefieren encontrarse que quedarse solos en su casa. A veces, permanecen hasta ya entrada la noche. Sobre muchos de ellos, nadie se pregunta dónde están; los adultos que los tienen a cargo asumen que ya saben cuidarse y, si hay algún problema, que lo van a saber resolver.