¿Es lo mismo Milei que Meloni?, ¿Trump que Bolsonaro? o ¿el uribismo colombiano que la derecha ecuatoriana? ¿A quién se parece a Bukele? Presentamos un juego de similares para encontrar las diferencias en la derecha global. Analizamos las posturas de 7 líderes conservadores (5 latinoamericanos, Milei, Bolsonaro, el uribismo, la derecha ecuatoriana de Lasso y Noboa y Bukele, más Trump y Meloni), respecto a un listado de 18 políticas económicas que nos permiten identificar sus preferencias en función de las políticas o la retórica que al respecto sostiene cada uno. La primera conclusión es que la etiqueta “derecha” describe poco y nada. Hay muchas diferencias y solo una coincidencia.
La degradación política y cultural que cada experimento neoliberal produce debe ser enfrentada desde una política de clarificación de los intereses de cada uno de los actores sociales, expresada en un discurso clarísimo, en blanco sobre negro, sobre quién es quién en nuestro país. En ese sentido, las ambigüedades son en este momento imperdonables. No hay grises frente a un proyecto neocolonial de despojo de las riquezas del país y del futuro de su población.
Es clave observar la predilección de los dirigentes fascistas por las metáforas sexuales. Como Nietzsche y Wagner, Hitler consideraba el mando como un dominio sexual de las masas femeninas, como violación. (La expresión de las muchedumbres en El triunfo de la Voluntad es de éxtasis; el líder provoca un orgasmo a las masas.) Los movimientos izquierdistas han tendido a ser unisex y asexuales en sus imágenes. Los movimientos de derecha, por muy puritanas y represivas que sean las realidades que introducen, tienen una superficie erótica. Ciertamente el nazismo es más sexy que el comunismo (lo que no va en crédito de los nazis sino que, antes bien, muestra algo de la naturaleza y los límites de la imaginación sexual).