En este planeta donde los países centrales crecerán a una penitente tasa del 1.6% y el comercio se deshilacha a una velocidad inimaginable, de manera tal que todos los países se vuelven proteccionistas, Argentina se abre al mundo liberando importaciones para beneplácito de los poderosos, mientras los yemeníes se ponen el cetro de potencia bélica, inadmisibles representaciones ambas. Emociona a propios y extraños.
Qué hay más estadounidense que el principio de que la mayoría gobierna, es decir, que el 50,1% se impone cuando se toman decisiones que nos afectan a todos. La mayoría gana y la minoría tiene que aceptar, aunque sea a regañadientes, la decisión de la mayoría. Así es como se toman las decisiones en este país. ¿No es así? No necesariamente. En nuestro país una minoría que coopta en particular el aparato represivo judicial de estado, vigila la constitucionalidad de las leyes en atención a la defensa de los intereses corporativos que los atraviesan y constituyen. Tan solo un ejemplo, hay cientos más.
Lenin es un referente fundamental y siempre vigente para la revolución latinoamericana. Pero no porque América Latina sea parecida a la Rusia de inicios de siglo o porque el pensamiento leninista sea infalible. Lenin es referencia actual porque su trayectoria muestra la potencia de pensar la política sin las garantías de la filosofía de la historia y saltar las estrecheces elitistas de la pura teoría. Pensarla como herramienta de la «práxis» de mayorías populares.