El psicoanálisis tiene algo que decir sobre la cuestión palestina y el sionismo por una razón histórica: Moisés y el monoteísmo, la última gran obra teórica de Freud, un texto de los años treinta, examina lo que está en juego genealógicamente en la entonces creciente demanda de un Estado judío y, en general, sobre la llamada metapsicología específica de la condición judía.
La posición de Freud frente al judaísmo es bastante dialéctica: mientras que por un lado se afilió al club B’nai B’rith y en su discurso de afiliación subrayó que, siendo completamente ateo e incluso antirreligioso, le parecía crucial insistir en el hecho de que era judío; por otro, subrayó que los judíos debían dejar de situarse como la excepción y, por el contrario, asumirse como uno de los pueblos que conformaban el Occidente moderno, junto a la cultura grecolatina.
Cuando el candidato al Senado de Michigan, Abdul El-Sayed, anunció que Hasan Piker se uniría a él en los mítines de campaña esta primavera, la cúpula del Partido Demócrata reaccionó como si alguien hubiera encendido un cigarrillo dentro de un supermercado Whole Foods. Los demócratas pasaron el último año preguntándose dónde estaba su Joe Rogan. Hasan Piker es una de las pocas figuras de izquierda con la audiencia que tanto anhelan, pero el partido es profundamente hostil a la espontaneidad e independencia que hacen atractivas a figuras como él.
El presidente iraní publica una carta amistosa al pueblo estadounidense. En contrapartida Trump no ofreció un plazo para el fin de la guerra, limitándose a decir que Estados Unidos atacaría a Irán «con extrema dureza» durante al menos «las próximas dos o tres semanas» y lo haría retroceder «a la Edad de Piedra»