En las elecciones latinoamericanas, la huella de los bots se ve con claridad en la monotonía y simplificación de las respuestas de los usuarios-usados. Pero cuando hasta los políticos de moda, como Javier Milei, se han convertido en bots de carne y hueso, ¿qué se puede esperar de millones de votantes botizados?. El único camino parece ser retomar el sendero que dejaron las experiencias popular – democráticas pasadas cuya única técnica que no cambia es la de abandonar la ilusión del «centro político» y asumir las tensiones de una sociedad estructuralmente dividida.
Quizás hemos dado demasiado espacio a discursos conciliadores, de centro y que no tensionen, creyendo que eso puede permitir una acumulación de fuerzas. Pero la historia muestra lo contrario. Vivimos en una época en la que el neofascismo y las nuevas derechas se están radicalizando. Y nosotros, entonces, tenemos que estar disponibles para la radicalización de nuestro proyecto, un proyecto humanista, transformador, que supere la crisis civilizatoria en la que estamos. No parece ser el camino debatir en TN con apologistas del genocidio.
Lenin sostenía que «La política es economía concentrada». Sin duda un reduccionismo pero muy pedagógico del sopeti bolchevique. Sin embargo, es indudable que la economía argentina atravesó una fase de crecimiento en post pandemia que va más allá del rebote inicial. A tal punto que el nivel de actividad en 2022 se ubicó en niveles similares a los de 2015 y 2017 que fueron los últimos picos de crecimiento del PIB. Esta fase expansiva estuvo liderada por la producción de bienes y acarreó una importante generación de empleo en 2021 y 2022, cuyo elemento dinámico fueron los trabajadores por cuenta propia e informales. La incógnita de este ciclo de crecimiento reside en su sostenibilidad por dos razones fundamentales: la crisis de ingresos que se refleja en un proceso de regresividad distributiva en base a un bajo nivel salarial en contexto de alta inflación, y la crisis de la deuda con sus derivaciones en materia de las escasas reservas internacionales.
Ambos elementos conforman lo esencial de la encrucijada actual de la economía argentina.
Al respecto, cabe señalar que la reducción en la participación de los asalariados en el ingreso durante la gestión de Cambiemos (del 51,8% en 2016 al 46,2% en 2019) se profundizó, aunque a un ritmo menor durante el gobierno del Frente de Todos (43,9% en los tres primeros trimestres de 2022). Ello supone una transferencia de ingresos del trabajo al capital de aproximadamente 87.000 millones de dólares entre 2016 y 2022, de los cuales 48.000 millones se trasladaron en 2021 y 2022. En 2023 el perfil distributivo dudamos que cambie. Aquí tienen un sustrato estructural de la aparición del Peluca y su valet, además del Tic-Toc, desde ya. No somos leninistas, claro que no. Vade retro, satán!