La encrucijada neoliberal sólo se superará cuando aprendamos a recomponer la unidad entre los dos momentos de tal exigencia: la autodeterminación de los pueblos y la libertad individual de elección. No es tarea fácil, pero hasta entonces, nuestra sociedad permanecerá en lo que Gramsci llamaba un interregno, poblado de «fenómenos mórbidos», monstruos y quimeras.