Desde el golpe de estado en Bolivia con el intento de asesinato a Evo Morales y García Linera , hasta los asesinatos a líderes político-sociales como Marille Franco, Mãe Bernadete en Brasil, el atentado a Francia Márquez en Colombia, a Cristina Kirchner en Argentina, a Fernado Villavicencio en Ecuador y tantos otros ejemplos, muestran que la violencia ya no solo judicial y mediática sino física, ha regresado al continente y se extenderá. Una de las causas que explica este retorno es sin duda el sostenimiento, en esta etapa del capitalismo de valorización financiera, de la estructura distributiva de mayor regresividad de la que tengamos memoria estadística.
Tras la experiencias posibilistas «de centro» fallidas en Argentina y Chile, las tensiones en Bolivia, las dificultades de Lula, el intento de golpe blando a Petro, las alternativas anti neoliberales siguen avanzando. Y lo hacen en una región política, social y electoralmente cada vez más polarizada donde el centro político no existe. Un gran signo de los tiempos.
El grado de desconcierto del Sur Global ante las políticas europeas es de asombro e incomprensión. Su alineamiento irrestricto a la política exterior americana, las sanciones, la obsecuencia económica/energética que lo acerca a la desindustrialización, el resurgimiento bélico y el incremento del gasto militar, no tienen sentido. Todas las reverencias políticas hacia Estados Unidos sorprenden por carecer de beneficios a la vista. De hecho, cada decisión de Bruselas parece más un paso hacia el suicidio que una medida hacia la autonomía, el desarrollo regional o beneficios para la Unión.