El resultado de las PASO, donde Unión por la Patria quedó en un tercer lugar, es evidencia de un debilitamiento del oficialismo como fuerza nacional. Las sucesivas crisis (tanto las exógenas como las autoinflingidas) solo profundizaron esta fragmentación, hasta llegar a uno momento en que parecía que la preocupación de cada sector pasó a ser exclusivamente convencerse de que “la crisis le pega al otro, no a mi”, y encontrar una estrategia para “refugiarse” en algún lado, ya sea en una provincia, o en ciertas estructuras del estado, o en redes territoriales.