Estados Unidos es el rey del descontrol macroeconómico, pero sin mayores reprimendas ni amonestaciones de los organismos internacionales que tanta pulcritud fiscal y crediticia le reclaman a los países endeudados. Al igual que Europa, que debería auto sancionarse por no cumplir con sus tratados, Estados Unidos debería implementar un plan de austeridad de magnitudes indescriptibles si cayera bajo la supervisión del FMI. Pero no va a pasar, para pagar estamos nosotros. ¿No es una pena?
La Ciudad de Buenos Aires, gobernada durante los últimos veinte años por la derecha, constituye un claro ejemplo de lo que el neoliberalismo puede hacer cuando opera a sus anchas sin oposición real alguna. Pero para cambiar el estado de cosas no alcanza solo con presentarse a elecciones. Hay que efectivamente ser oposición lo que supone producir otros efectos que promuevan otras «ideas». No ha sucedido aún, esperemos el impacto.
Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto, mientras tanto, mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…
Anclas que ya nunca, nunca más han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar…
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la botella del figón…