Es posible que los resultados recientes no hablen solo de ganadores y perdedores, sino también de una fractura más honda, menos visible. Una grieta en el lazo social, en la expectativa compartida de que algo puede cambiar. No se trata de romantizar la abstención ni de condenarla, sino de leerla. De preguntarse qué condiciones hacen falta para que la política vuelva a ser habitable.