En la visión colonial del mundo –y, en su extraña forma, la visión de Donald Trump no podría ser más colonial–, los colonizadores blancos europeos eran faros en apuros de la civilización, la racionalidad y el progreso, ya que se enfrentaban a peligrosas hordas bárbaras más allá (e incluso, a veces, dentro) de sus propias fronteras.