El olvido de los mártires es un “complejo” que la Iglesia Argentina y latinoamericana carga desde hace décadas. Es curioso que habiendo sido el culto a los mártires lo que configuró la piedad en los primeros dos siglos del cristianismo, haya encontrado en este continente, “cristiano en su mayoría”, tantos reparos y obstáculos. En parte, tiene que ver con aquello que el teólogo Karl Rahner planteaba en un célebre artículo, “¿por qué no habría de ser mártir un monseñor Romero, por ejemplo, caído en la lucha que él hizo desde sus más profundas convicciones cristianas”, (K. Rahner, “Dimensiones del martirio”, Concilium, 183 [1983], p. 323).