Un individualismo neoliberal y posmoderno -desarrollos degradados del ilustrado y liberal- que confluyen en una misma visión de “libertad”, ajena a todo imperativo social, centrada en la autosatisfacción de los deseos y en la mercadotecnia del yo. Un modelo hedonista, cuyo superego es la pantalla del celular que le permite bucear en una realidad sustitutiva como individuo propietario renuente a toda imposición social y desde luego, reproduciendo un modelo económico social al servicio del 1% más rico de la población mundial.