En 2024, la estrategia clásica de Lula – ceder ante las élites para abrir resquicios a las políticas sociales – se verá bloqueada por el marco fiscal. Los nuevos impuestos no han aumentado el gasto público. Estabilizar la democracia exige cambios estructurales: ¿Lo logrará el «lulismo», el nuevo Lula de baja intensidad en y por sus alianzas, pero convicciones igualitaristas persistentes? Se verá.