Bloqueado por tierra, mar y aire, sin moneda ni capacidad tributaria, sin permiso a probar suerte en otro lugar del mundo, sin trabajo, luz, agua, sanidad, ayuda social, sin poder sembrar, exportar ni producir, los malos hombres de este mundo se encuentran en Gaza. Eliminar, arrasar, destruir, borrar, hambrear, dejar sin medicamentos o alimentos a los combatientes de Hamas, solo esa idea en el siglo XXI es algo inverosímil de aceptar, de digerir.
Las trágicas escenas que se desarrollan en Palestina e Israel son un escalofriante recordatorio de los horrores que genera la ocupación y de la urgencia de desmantelar los bloqueos y el sistema de apartheid de Israel.
Las peripecias del kirchnerismo tienen su marca en el origen, allá por el año 2003 cuando a Kirchner aún le llamaban Kissinger ( José Pampuro dixit). La sucesión de supuestos finales de la experiencia kirchnerista son ya innumerables, pero tuvieron su punto de máximo despliegue a partir del año 2008 y la llamada «crisis de la 125» , paradojalmente convertida en el momento identitario más potente del peronismo kirchnerista.
Así las cosas, mientras desde el espacio conceptual y político la derecha se propicia «la destrucción del kirchnerismo» (con más empeño práctico que teórico hay que decirlo), cuyo punto más alto fue el intento de asesinato de Cristina Fernández , desde el campo conceptual de la izquierda se analiza «la agonía del kirchnerismo» o «cuarto peronismo», según la taxonomía de Horowicz, como se puede leer en esta breve columna.