Se dice que todo proyecto social tiene una representación espacial, dado que las relaciones productivas que forjan la materia operan de forma similar a las fuerzas que organizan la sociedad, lo que se registra en el entorno construido (o destruido). Esta situación implica que, quienes nos dedicamos al urbanismo, lidiamos a diario con la imaginación, visualización y evaluación de factibilidad empírica de otros futuros posibles.