Estas consideraciones nos llevan a preguntarnos si la persona humana, cuando se encuentra en el umbral de la desesperación absoluta mientras experimenta el silencio de Dios, ha agotado realmente todas las vías posibles para responder de forma constructiva a la crisis actual. También hay que reconocer la posibilidad del fracaso. La puerta a la que se ha llamado puede no haberse abierto, pero muchas otras puertas pueden abrirse sin que ni siquiera se haya llamado a ellas. Pero es muy duro aceptar.
La larga depresión de la década de 2010 continúa en la década de 2020. El último informe económico del Banco Mundial es deprimente para la economía mundial. Señala que “El “límite de velocidad” de la economía global, la tasa máxima a largo plazo a la que puede crecer sin provocar inflación, se desplomará a un mínimo de tres décadas para 2030”. Entre 2022 y 2030, se espera que el crecimiento potencial promedio del PIB mundial disminuya a 2,2% anual, aproximadamente un tercio de la tasa que prevaleció en la primera década de este siglo. Una lástima.
Los niveles de inflación están descontrolados. Analizando el comportamiento del patrón distributivo se observa además que el mega aumento de precios es un gran mecanismo de transferencia de ingresos a la cúpula, mecanismo de concentración del ingreso que el acuerdo delictivo con el FMI no hace más que potenciar. Se la llevan 4 o 5 vivos. Les suena?