La crisis que atraviesa Estados Unidos ha dejado de ser una “polarización política” para convertirse en una guerra civil librada con formas del siglo XXI.
El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 no resolvió las contradicciones fundamentales del imperio, sino que las profundizó hasta niveles que amenazan la gobernabilidad misma del sistema. Lo que observamos no es un conflicto coyuntural entre partidos, sino el enfrentamiento entre bloques de poder con proyectos estratégicos incompatibles, expresado a través de múltiples dimensiones simultáneas: rebelión de estados federales, militarización de ciudades, fracturas al interior del aparato de seguridad, crisis presupuestaria perpetua y una política exterior cada vez más errática y coercitiva.
Trump y Milei han girado su presupuesto 2026. El presupuesto local estima 5% de crecimiento y 10% de inflación anual. Es un chiste, aunque marca la tendencia a profundizar el ajuste y potenciar el ancla salarial y de ingresos en general, como motor central de la «baja» de la inflación.
Menos risueño es el enviado por Trump. Por un lado, el presupuesto del Pentágono supera ya el billón de dólares, con decenas de miles de millones más asignados a contratistas de guerra para barcos, misiles y el caza F-35.
A fines de 2025, después del largo cierre federal, el nuevo presupuesto federal decía más sobre las verdaderas prioridades de la clase multimillonaria y los políticos que los sirven que cualquier discurso de campaña o conferencia de prensa.
Por otro lado, la asistencia alimentaria y la atención médica para decenas de millones de personas pobres y de clase trabajadora se están recortando o amenazando. Esto no es un error ni una mala planificación. Es una política de clase.
Cualquiera que se pregunte por qué el Estado y los medios británicos, a pesar de la pretensión de estos últimos de servir como vigilantes del poder, continúan animando la masacre genocida de civiles en Gaza por parte de Israel encontrará las respuestas en una nueva película.
No relata el periodo actual de la historia, sino una historia de hace casi 90 años.