Para los ideólogos e impulsores del sionismo nada está liberado al azar. Esa ideología, que se escuda en el Estado de Israel, se constituyó desde sus inicios con fuertes rasgos racistas y colonialistas. En la actualidad, el genocidio que el gobierno de Benjamín Netanyahu comete en la Franja de Gaza contra el pueblo palestino no se contradice con los postulados primarios del sionismo. Quienes dieron forma a ese pensamiento excluyente y supremacista tuvieron en claro que la tierra que buscaban conquistar debía ser vaciada hasta su último rincón. Pero en ese territorio que es Palestina sus pobladores y pobladoras se niegan a rendirse ante las bombas y masacres. Y esto lo hacen porque su historia, su cultura, sus afectos y familias, sus cultivos y cielos, los acompañan desde hace miles de años.
El Poder Ejecutivo Nacional, mediante el Decreto Nº647/25 vetó, por segundo año consecutivo, y en su totalidad, la Ley Nº27.795 de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente, recientemente sancionada, por amplia mayoría, por el Congreso Nacional.
Antes de analizar el contenido y las implicancias de este veto, hay que decir, además, que, simultáneamente, por la Decisión Administrativa Nº23/2025, recorto a las Universidades Nacionales un total de $40.000 millones para gastos de funcionamiento en su enésimo ataque a la educación superior.
El presidente, con la perversidad que lo caracteriza, también, vetó la Ley de Emergencia Sanitaria de la Salud Pediátrica y de las Residencias Nacionales en Salud, mostrando una absoluta falta de sensibilidad.
La crisis de salud mental en Argentina representa un problema de creciente relevancia. Se observa un aumento significativo de padecimientos en la población general, evidenciado por el incremento de síntomas de ansiedad, angustia, depresión, el mayor consumo de sustancias psicoactivas —tanto legales como ilegales—, los intentos de suicidio, los suicidios consumados y las descompensaciones de cuadros psicóticos. Diversos estudios señalan la incidencia de factores sociales y económicos, así como el impacto de la pandemia de COVID-19. A su vez, las dificultades en el acceso y la continuidad de los tratamientos contribuyen a agravar la situación, incrementando tanto la demanda como la complejidad de los casos que llegan al sistema público de salud. Este sistema enfrenta una sobrecarga adicional debido a las demoras y barreras económicas del sector privado. En este contexto, se ha registrado un crecimiento sostenido en la cantidad de internaciones por motivos de salud mental, especialmente entre personas jóvenes.