Con @CFKArgentina proscripta, cualquier dirigente que surja de cualquier espacio político, lo hará sin representación ni legitimidad democrática, y aún con el acuerdo de CFK no va a funcionar. Como no funcionó con Perón proscripto, con su acuerdo o sin él. -No funcionó Frondizi, con acuerdo de Perón. -no funcionó Illia, sin acuerdo de Perón. -no funcionó Cámpora, con acuerdo de Perón. No parece posible que vaya a funcionar hoy. Por eso «Cristina Libre» no es una consigna de campaña, es una condición de formación y funcionamiento muy básica para la representación y legitimidad democrática. No funcionó en Brasil con Lula-Hadad, con Lula preso, no funcionó en Bolivia con Evo-Arce, con Evo en el exilio, no funcionó en Ecuador, el caso Correa-Moreno con Correa en el exilio y no funcionará una vez más en La Argentina, a menos que la elección sea un tránsito para nuevas elecciones libres, ya con Cristina Kirchner candidata, o no, por propia decisión. La «farsa electoral» no es, por lo tanto, una disfunción accidental loca, sino una adaptación estructural deliberada, diseñada para eludir la rendición de cuentas democráticas e imponer una visión económica específica, perjudicial para amplios sectores ciudadanos a nivel al menos regional. El tiempo dirá.
Rima Hassan, eurodiputada de La France Insoumise, respondió a las preguntas del periodista Filippo Ortona, del diario il manifiesto, en Estrasburgo, adonde regresó tras una semana repleta de acontecimientos. Junto con Greta Thunberg y una docena de voluntarios, la activista franco-palestina se embarcó en la Flotilla de la Libertad y fue detenida en aguas internacionales frente a las costas de Gaza por el ejército israelí. Tras cuatro noches detenida, fue finalmente liberada el jueves 12 de junio y deportada a París.
Desde diversos sectores –analistas, académicos, medios y estrategas– se plantea la inquietante posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, evocando el fantasma de los grandes conflictos del siglo XX. La guerra ha mutado, ya no se limita a trincheras ni invasiones masivas, sino que se manifiesta de manera constante, difusa y estructural. En ese sentido, lo que muchos observadores interpretan como la antesala de un nuevo gran conflicto puede ser, en realidad, una fase más de lo que desde la era de George W. Bush se denominó “guerra perpetua”. Esta idea cobró impulso tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos redefinió su política exterior en función de enemigos difusos y frentes móviles.