La 80.ª edición de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU 80) se inauguró ayer en Nueva York. El tema de este año es «Mejor juntos: 80 años y más por la paz, el desarrollo y los derechos humanos», lo que pone de relieve la urgencia de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y revitalizar la cooperación global. No parece probale, Mark Malloch-Brown, exdirector del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y subsecretario general del gobierno de Kofi Annan en 2006, lo resumió: «En muchos sentidos, la ONU es un muerto viviente», afirma. «Nunca se derrumba del todo y, sin embargo, sigue siendo un cadáver». Bonus: Néstor en 2003 en la ONU ya entonces reclamando rediseño de organismos de crédito, Petro advirtiendo la inacción de la ONU ante el genocidio sionista en GAZA y el Che en 1964, ante la ONU, exigiendo hace 51 años el derecho a la soberanía nacional bajo la proclama «Patria o Muerte». Nuestro desquiciado se tomó su tiempo en aparecer pero ya optó: Muerte.
La economía argentina contemporánea se asemeja a una meticulosa puesta en escena teatral, donde el decorado de una supuesta normalización macroeconómica intenta ocultar los cimientos podridos sobre los que se erige. El gobierno nacional, en un estado de extrema fragilidad política tras el veredicto contundente de las urnas en la provincia de Buenos Aires, se aferra a un relato de éxito que la realidad material se encarga de desmentir a diario.
El apoyo a la guerra genocida sionista en Gaza terminaba de socavar los últimos vestigios de credibilidad que tenían las potencias liberales occidentales en lo que respecta al respeto del derecho internacional. El reconocimiento formal y en manada al Estado Palestino que observamos estos días, es un síntoma entre otras causas de esta erosión de legitimidad democrática ya casi grotesca.
No es el caso argentino que el 6 de diciembre del año 2010 durante el gobierno de Cristina Kirchner, reconoció al Estado Palestino. Veremos cómo se las ingenia el actual gobierno lamebotas de Trump para torcer esa decisión vaciándola de contenido geopolítico.