Luego de la corrida de fines de julio, el gobierno mantuvo el sesgo bajista al dólar aunque con un cambio en la estrategia. En primer lugar, la intervención en dólar futuro venía concentrada en los contratos de julio y agosto (plazos <60 días); mientras que durante agosto el BCRA se enfocó en contratos a 2026 (plazos >180 días). En segundo lugar, la herramienta para la absorción de pesos circulantes fue intervenir en REPO como puente hasta las licitaciones, mientras que en agosto se centró en el aumento intempestivo de encajes, con el fin de impulsar al alza a las tasas y fomentar el carry-trade.
La inversión directa en 2024 fue la más baja de todo el siglo XXI. Para los primeros seis meses de 2025 la inversión directa es negativa, o sea son más los egresos que los ingresos. Las inversiones salen del país.
Las personas humanas compraron billetes por 3800 millones de dólares. El Gobierno parece no tener control de la hecatombe cambiaria iniciada luego del desarme de posiciones del JP Morgan. El ministro de Economía, Luis Caputo, no puede controlar el tipo de cambio a pesar de su juego de altas tasas. El titular del BCRA, Santiago Bausilli, permanece impávido ante la permanente salida de divisas.
En julio, la autoridad monetaria contabilizó la mayor salida de divisas del sistema privado no financiero, que incluye las operaciones de empresas y los movimientos de los ahorristas. En total, salieron del sistema 5432 millones de dólares.
El alineamiento irresponsable con un gobierno que está acusado por el Tribunal Penal Internacional de Crímenes de Guerra y Crímenes de Lesa Humanidad, sumado a estafas, escándalos y negociados opacos, deja a la Argentina en una situación de vulnerabilidad indudable frente a países hermanos, ámbitos de cooperación internacional y foros de cooperación regional y global. Mientras el gobierno anuncia el potencial arribo de Netanyahu e insiste con que «no hay plata», una creciente proporción de la ciudadanía argentina empieza entrever el fin de esta pesadilla liberticida.