Cada enero, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) se reúne en la lujosa estación de esquí de Davos, Suiza. Este año, como es habitual, asistieron unas 3000 personas de más de 130 países para debatir los problemas, los desafíos y el futuro del capitalismo. Estuvieron presentes unos 350 líderes gubernamentales, incluidos 60 jefes de estado y de gobierno, de todas las regiones clave (excepto Rusia, China e India), junto con muchos directores ejecutivos y oligarcas de las multinacionales, la mayoría de ellos llegando en sus aviones privados. El cotillón agregado es, como el año anterior, la presencia de nuestro liberfacho. Se trata de un esparcimiento adicional esperado y necesario, en jornadas muy tensionadas por la decisión de Trump de frenar el declive hegemónico estadounidense. Pila de discursos donde, salvo a nuestro delirante, a casi todos y todas, les encanta citar a Keynes.
Nos lo preguntamos anteriormente en estas columnas: ¿Acaso las peores condiciones socioeconómicas no fueron y son siempre y en todo lugar el motor de las protestas? Lo analizamos entonces, sin pretensión de totalidad, tomando dos indicadores duros, como marco de análisis, la denominada «Paradoja de Tocqueville».
En este contexto proponemos una relectura de la ya clásica advertencia de Cristina Kirchner: «No vienen por mi viene por sus derechos», la que traducimos hoy también en vienen por sus deseos.
El presente artículo tiene por objetivo problematizar, desde un punto de vista sociopolítico y psicoanalítico, el actual auge de las nuevas derechas en América Latina. Si bien este renacimiento extremista es denominado en términos vagos e indicativos como “fascismo”, consideramos que, luego de un análisis detenido, las extremas derechas de ahora no son simples repeticiones de los fascismos del s. XX. Se trata de una gubernamentalidad e ideología inéditas que, por un lado, no se reducen al neoliberalismo y, por otro lado, sobrepasan a la alt-right europea-anglosajona y al libertarismo contemporáneo. Le damos el nombre particular de liberfascismo, en la medida en que trae un nuevo modo de subjetivación política: el defensor de sí. Para esto, dividimos el texto en dos apartados. En el primero discutimos las particularidades sociopolíticas del liberfascismo: el surgimiento de una ontología social del defensor de sí que concibe al mercado capitalista como una instancia a defender valiéndose de noticias falsas, teorías de la conspiración y, por supuesto, violencia organizada. En el segundo, esclarecemos el funcionamiento del inconsciente liberfascista analizando la peculiaridad de su fantasía: se trata de una ideología que, en su relación con los otros, utiliza a la violencia ya no como simple medio, sino como vehículo de goce.