Luiz Inácio Lula da Silva –que viene cerrarle la puerta de los BRICS a Nicolás Maduro– se quedó casi con las manos vacías tras la segunda vuelta de las elecciones municipales en Brasil, termómetro electoral que se activa un año después de las presidenciales y que pone en juego botines políticos de enorme importancia.
En San Pablo, principal colegio electoral brasileño, fue reelecto el conservador Ricardo Nunes con casi el 60% de los votos, una paliza para el postulante de Lula da Silva, Guilherme Boulos. Peor aún en el estado que reúne el 22% del padrón nacional, ha cobrado vida Pablo Marçal que estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta electoral en la disputa por la alcaldía de San Pablo. Aunque finalmente quedó afuera, con sus lives explosivos y su verborragia digitalizada, el influencer y emprendedor expresa una derecha radicalizada posbolsonarista que busca disputarle el apoyo a la izquierda. ¿Lula? … con su mirada puesta en las actas venezolanas.
Estamos seguros de que la figura de Néstor Kirchner cobrará significación a medida que transcurra la historia. El mejor presidente desde la recuperación democrática, junto con Cristina, constituyó el único ejemplo de gobierno desde el año 1983, que tras cada mandato devolvían el país con indicadores socioeconómicos mejores que los que encontraban.
La cuarta parte del electorado brasileño vuelve a las urnas hoy domingo para elegir en segunda vuelta a los alcaldes de 51 ciudades, en unas municipales en que vuelven a medir fuerzas el progresismo de Luiz Inácio Lula da Silva y la ultraderecha de Jair Bolsonaro, con favoritismo para el segundo.
Tras una primera vuelta en que la gran mayoría de las alcaldías quedó en manos de los partidos de centroderecha y en la que el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro tuvo el doble de votos que el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, la mayoría de candidatos apoyados por el ultraderechista aparece como favorito en los sondeos para el balotaje.Brasil celebrará hoy domingo la segunda vuelta de las elecciones municipales en alrededor de medio centenar de ciudades del país. Las elecciones se perfilan en muchas localidades como un contrapunto entre la extrema derecha que lidera Bolsonaro, inhabilitado por atacar sistemáticamente las instituciones democráticas, y el «progresismo lulista» que encarna el actual presidente