La mayoría de las personas se dejan influenciar por puntos de vista impuestos por otros. Estos otros pueden ser padres, maestros, figuras religiosas, escritores de diversas tendencias, podcasters y políticos ideológicamente motivados, tanto de derecha como de izquierda, quienes, en sus peores manifestaciones, son verdaderos lobos con piel de cordero; un ejemplo reciente de ello reside actualmente en la Casa Blanca. En otras palabras, existen numerosas fuentes potenciales de inspiración, pero siempre es recomendable informarse bien antes de actuar.
Palantir influye en los procesos electorales a través de su capacidad para analizar cantidades masivas de datos (Big Data) y usar inteligencia artificial para identificar patrones de comportamiento y manipular el sentimiento público. Sus intervenciones han generado un intenso debate político y ético, operando principalmente de las siguientes maneras: Microsegmentación y manipulación psicológica: Mediante algoritmos predictivos, la tecnología de la empresa permite trazar perfiles detallados de los votantes. Esto facilita el diseño de campañas de mensajes hiper-personalizados para influir emocionalmente en el electorado, similar a tácticas polémicas de elecciones pasadas. Asociaciones de alto riesgo para candidatos: Los vínculos históricos de la empresa (cofundada por Peter Thiel) con agencias gubernamentales, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE), pueden convertirse en un lastre político. Candidatos asociados a la empresa a menudo enfrentan campañas en su contra por estas colaboraciones.Impacto geopolítico y nuevas democracias: Expertos y analistas han expresado preocupación sobre el rol de la tecnológica y sus figuras en la influencia sobre decisiones gubernamentales, sistemas de vigilancia poblacional y posibles manipulaciones de elecciones en distintos países, como Argentina. Cuestionamientos a la privacidad: Las plataformas de Palantir son frecuentemente criticadas por sectores progresistas y defensores de las libertades civiles por socavar los sistemas democráticos y facilitar la vigilancia poblacional a gran escala. Ya con Cristina Kirchner fuera de competencia, ahora sí llega la hora de Peter Thiel para intervenir en el proceso electoral, no tanto para obligar a que los hombres marchen, sino para que marchen solos. Veremos como le va.
La Marcha de las Banderas del 14 de mayo de 2026 en la Ciudad Vieja de Jerusalén volvió a desencadenar fuertes tensiones políticas y episodios de violencia ultranacionalista contra la población palestina. Este desfile anual conmemora la ocupación y anexión de Jerusalén Este por parte de Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967. Para los sectores ultranacionalistas israelíes representa una celebración de la reunificación de su capital. En cambio, la población árabe, periodistas y diversas organizaciones de derechos humanos denuncian que el evento se utiliza como una plataforma de provocación, racismo y hostigamiento sistemático.Eventos clave de la edición de 2026 Cánticos racistas y agresiones: Decenas de miles de manifestantes marcharon desde la Puerta de Damasco hacia el Barrio Musulmán. A lo largo del trayecto, numerosos grupos de jóvenes entonaron consignas como «Muerte a los árabes» y «Querías una masacre, tendrás una Nakba». Además, atacaron físicamente y acosaron a periodistas y activistas que documentaban la movilización. Profanación de lugares religiosos: Cámaras de vigilancia registraron a grupos de colonos ultranacionalistas escupiendo en dirección al Santuario de la Virgen María, ubicado frente a la Iglesia del Salvador en la zona de la Puerta Nueva.Ingreso a la Explanada de las Mezquitas: El ministro de Seguridad Nacional de Israel, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, participó activamente en las movilizaciones y accedió al Monte del Templo (Explanada de las Mezquitas), tercer lugar más sagrado para el Islam, donde reivindicó el dominio absoluto de Israel sobre el recinto sagrado. Arrestos y saldo policial: La policía israelí desplegó un amplio operativo y detuvo al menos a 16 personas debido a los altercados violentos y agresiones registradas antes y durante la procesión. Impacto en los residentes locales: Como ocurre cada año, la mayoría de los comerciantes árabes del Barrio Musulmán se vieron obligados a cerrar sus negocios de forma anticipada para proteger sus propiedades de destrozos y agresiones físicas por parte de las turbas extremistas