La situación en los campamentos de desplazados en la Franja de Gaza ha alcanzado niveles críticos de insalubridad en mayo de 2026. Según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 80% de los refugios están infestados de plagas.
Plaga de roedores y parásitos
La acumulación de escombros y el colapso del sistema de saneamiento han convertido las tiendas en focos de infección.
Ataques nocturnos: Se reportan ratas que muerden a niños y adultos mientras duermen, afectando especialmente a personas con movilidad reducida o diabetes.
Destrucción de suministros: Los roedores destruyen sacos de harina y la poca ropa que conservan las familias.
Enfermedades de la piel: La proliferación de pulgas, piojos y ácaros ha causado un brote masivo de sarna, pústulas y sarpullidos. Cifras alarmantes: En lo que va de 2026, se han registrado más de 70,000 infecciones vinculadas a la falta de higiene.
⏳ Las «colas interminables»La vida diaria se define por la espera constante bajo condiciones extremas.
Agua potable: Las familias, frecuentemente representadas por niños, pasan horas en filas para llenar galones de plástico.Saneamiento básico: Existe una disparidad extrema; se estima un solo retrete para cada 800 personas y un baño para cada 3,500 en algunas zonas.
Alimentos: Las esperas en cocinas públicas son la única vía para obtener raciones diarias, a menudo insuficientes.
🌡️ Factores que agravan la crisisCambio de estación: La transición del frío invernal al calor del verano ha acelerado la reproducción de insectos y el hedor de los residuos acumulados.
Bloqueo de ayuda: Agencias humanitarias denuncian que las restricciones fronterizas impiden la entrada de kits de higiene y suministros médicos esenciales.
Infraestructura destruida: El 90% de la red de agua y saneamiento está dañada, lo que imposibilita el control sanitario básico
Tucker Carlson lleva una década en el meollo de la conversación política y de los medios conservadores en Estados Unidos. Pocas figuras de los medios de comunicación se identifican más con la era Trump. Su popularísimo programa en Fox News comenzó justo después de las elecciones de 2016 y, a pesar de ser despedido por esa cadena en 2023, Carlson ha seguido siendo un elemento fijo del mundo Trump: lanzó su propia cadena, impulsó a Donald Trump en su pódcast y en los mítines de campaña, ocupó el palco de Trump durante la Convención Nacional Republicana y asistió a su toma de posesión.
Luego, en febrero, el presidente Trump llamó a atacar Irán junto con Israel, una decisión a la que Carlson se opone totalmente. Ahora dice que se arrepiente de haber apoyado a Trump y se ha convertido en un influyente y clamoroso crítico de la gestión en su programa. También culpa a Israel de convertir a Trump en un “esclavo” al —como él lo caracteriza— empujar al presidente a la guerra. Debido a este enfoque en Israel, y a su muy sonada entrevista al influente nacionalista blanco Nick Fuentes, los críticos le han acusado de antisemitismo.
Para entender esta ruptura con el presidente y otras cosas más, viajé a Maine para encontrarme con Carlson, y volvimos a comunicarnos unos días después. Sostuvimos una amplia conversación sobre sus opiniones sobre la guerra, su episodio de Fuentes, su amistad con el vicepresidente JD Vance y, lo que es más subrepticio, sobre si cree que Trump es el Anticristo, algo sobre lo que ha estado reflexionando en su programa.
En Anatomía de un sistema de IA, Kate Crawford y Vladan Joler hacen un mapa material y político de la inteligencia artificial, mostrando cómo cada etapa —desde la extracción de minerales hasta el entrenamiento de modelos y el trabajo de moderación de contenidos— se sostiene en la apropiación del excedente de valor. Siguiendo a Marx, señalan que el capital no se limita a automatizar, sino que busca abaratar la fuerza de trabajo desplazando empleos de alta remuneración y sustituyéndolos por una combinación de:
Automatización técnica: algoritmos y máquinas que reemplazan tareas cognitivas o rutinarias.
Externalización global: mano de obra barata en países periféricos, encargada de tareas invisibles como etiquetar datos, moderar contenidos o ensamblar hardware.
El resultado es una cadena global de explotación donde el beneficio del capital proviene de la diferencia entre el costo laboral y el valor generado. La IA capitalista se convierte así en un dispositivo de reorganización del trabajo: no elimina la explotación, la redistribuye y la intensifica en nuevas geografías.
💡 Una forma de pensarlo es como un “espejo roto”: en el centro del sistema se exhibe la promesa de innovación y eficiencia, pero cada fragmento refleja un tipo distinto de precarización —desde el minero del Congo hasta el programador desplazado en Silicon Valley.