El lobby petrolero estadounidense sobre Venezuela que revela Bruno Sgarzini permite mirar Vaca Muerta desde otra perspectiva: el problema no es cuánto petróleo producirá Argentina, sino quién controlará la renta. Bajo Milei, el RIGI, el alineamiento con Washington y la llegada de grandes petroleras configuran una nueva arquitectura de inserción energética. La investigación de Bruno Sgarzini sobre Venezuela muestra cómo las grandes petroleras utilizan el lobby en Washington para influir sobre sanciones, licencias y condiciones de acceso al petróleo. El Estado estadounidense administra la llave geopolítica mientras las corporaciones negocian las condiciones de explotación. Al pié un apéndice sobre Malvinas y Vaca Muerta. Porque Malvinas sin soberanía económica es una consigna. Vaca Muerta sin soberanía nacional es una renta. La soberanía argentina exige ambas.
El mecanismo importa para Argentina. Vaca Muerta posee recursos petroleros extraordinarios y se convirtió en un activo estratégico para el mercado energético mundial. El gobierno de Milei busca acelerar su explotación mediante el RIGI, ofreciendo estabilidad y beneficios excepcionales al gran capital. El acuerdo económico con Estados Unidos completa esa orientación al incorporar energía, infraestructura y materiales críticos como sectores estratégicos.
Chevron es un ejemplo elocuente: proyecta inversiones multimillonarias en Vaca Muerta bajo el RIGI. La inversión puede aumentar producción, exportaciones y divisas, pero plantea la cuestión decisiva: ¿quién capturará la renta extraordinaria?
Aquí adquiere relevancia José Luis Manzano, expresión de una burguesía local asociada al capital global. Su presencia en negocios energéticos argentinos y venezolanos muestra cómo grandes grupos nacionales se integran con corporaciones transnacionales y operadores políticos internacionales. Ya no se trata simplemente de capital nacional frente a capital extranjero, sino de una trama de alianzas donde ambos se articulan en torno a la apropiación de recursos estratégicos.
Por eso Vaca Muerta no debe discutirse como una falsa alternativa entre explotación y no explotación. Argentina necesita desarrollar sus recursos, pero la cuestión central es bajo qué condiciones. Si la renta energética financia industrialización, infraestructura, tecnología y desarrollo productivo, Vaca Muerta puede ser una palanca de soberanía económica. Si el país se limita a exportar hidrocarburos mientras el capital externo captura buena parte del excedente, estaremos ante una nueva versión del viejo modelo extractivo.
La diferencia es que ahora ese extractivismo aparece sofisticado: RIGI, inversión extranjera, tratados, infraestructura exportadora y mercados globales. Es el neoextractivismo.
Venezuela muestra una versión coercitiva del control energético mediante sanciones y licencias. Argentina transita una variante contractual basada en apertura, incentivos y garantías al capital. Los instrumentos son diferentes, pero la disputa es la misma: quién controla la renta de los recursos naturales.
Por eso la pregunta fundamental sobre Vaca Muerta no es cuánto petróleo tiene la Argentina.
Es para quién será ese petróleo convertido en riqueza.
Detrás de los grandes éxitos de Creedence Clearwater Revival hubo mucho más que canciones pegadizas. John Fogerty convirtió el trabajo, la guerra de Vietnam, los privilegios de clase y las fracturas de la sociedad estadounidense en himnos populares que, más de medio siglo después, conservan una sorprendente actualidad. Fortunate Son sigue siendo una de las denuncias más contundentes de cómo las guerras las deciden los poderosos mientras otros ponen los cuerpos. Por supuesto esta lectura es controversial en La Argentina, como era de esperar. En la vieja Rock and Pop la dirección literalmente prohibió emitir a Creedence por considerarlo «Grasa». Cada uno es responsable de lo que hizo, hace y hará.
PD: en la apértura una charla actual entre Rick Beato y John Fogerty.
La renovada disputa por las islas, impulsada por el alineamiento entre Trump y Milei, puede convertirse en una inesperada herramienta política para la ultraderecha británica. Mientras la Argentina recupera centralidad en el conflicto de soberanía, el laborismo queda atrapado entre la presión diplomática y la acusación de debilidad nacional que Reform UK explota electoralmente. La cuestión Malvinas vuelve así a cruzarse con una disputa mayor: la reconfiguración de la derecha británica y la crisis de representación de las fuerzas tradicionales.