La aceleración del desarrollo de la inteligencia artificial en China abrió una nueva grieta dentro del poder económico y político de Estados Unidos. El CEO de Nvidia, Jensen Huang, cuestionó a la administración de Donald Trump por impulsar regulaciones basadas en temores sobre los riesgos futuros de la IA y advirtió que una estrategia excesivamente restrictiva puede terminar debilitando la competitividad estadounidense frente a Pekín.
El detonante de la polémica fue la irrupción de Kimi K3, un modelo de inteligencia artificial desarrollado por la empresa china Moonshot AI, cuyo rendimiento y bajo costo sorprendieron a la industria tecnológica. Su aparición reavivó en Washington el debate sobre la conveniencia de limitar el acceso a modelos abiertos provenientes de China por razones de seguridad nacional.
Huang sostuvo que la regulación no debe quedar en manos de un reducido grupo de empresas que buscan preservar sus posiciones dominantes. En ese punto, marcó diferencias con compañías como OpenAI y Anthropic, que impulsan mayores controles sobre el desarrollo y la difusión de modelos avanzados de IA.
Detrás de la discusión técnica se esconde una disputa económica de enorme magnitud. Mientras Nvidia necesita un mercado global abierto para expandir la venta de sus procesadores, otros gigantes de la inteligencia artificial consideran que endurecer las regulaciones y restringir la competencia china es clave para mantener su liderazgo.
La controversia refleja uno de los principales dilemas de la estrategia estadounidense: cómo contener el avance tecnológico de China sin frenar la capacidad de innovación de sus propias empresas. La aparición de modelos chinos cada vez más competitivos demuestra que la carrera por la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los escenarios centrales de la competencia geopolítica entre las dos mayores potencias del mundo.
El modelo español que terminó ganando su segundo Mundial en 16 años. De Toro a Torero con la llegada de Luis Aragonés como DT y los títulos conseguidos. Cuál es el estio de juego. Por qué a España no le pesa jugar en ambientes adversos. El «Guante de Oro» de Unai Simón. Las peleas de Luis Aragonés y el caso Raúl González. Casillas y la envidia a los argentinos que duró poco tiempo. En la apertura Sergio Levinsky para concluir el análisis futbolístico de lo más relevante del Mundial 2026.
El artículo ¿Qué quiere realmente el comunismo? de Lavinia Marchetti, presenta un recorrido histórico y teórico de las ideas comunistas, distinguiendo sus metas originales de las interpretaciones propagandísticas o las deformaciones de los regímenes autodenominados comunistas. Plantea que la teoría comunista busca eliminar la explotación económica inherente al capitalismo, reemplazando la propiedad privada de los medios de producción por una gestión colectiva democrática. Desarrolla diez puntos clave: comienza con la plusvalía como base de la explotación, aclara que el comunismo no pretende abolir los bienes personales, y sitúa como meta última recuperar la “alienación” del trabajador (remitir a los Manuscritos de 1844) para lograr que “el libre desarrollo de cada uno sea condición del desarrollo de todos”. Introduce el materialismo histórico como herramienta de análisis, critica el Estado como garante del orden de propiedad, y emplea conceptos marxistas posteriores (hegemonía de Gramsci, aparatos ideológicos de Althusser, igualdad-libertad de Balibar, entre otros) para explicar por qué la dominación parece aceptable. Reconoce los abusos de regímenes pasados (Stalin, Mao, Pol Pot) y el efecto de la Guerra Fría en estigmatizar al comunismo. Finalmente enumera demandas contemporáneas (“democracia económica”, “retirar de mercado salud y vivienda”, reducción de la jornada) ilustrando que los fines comunistas traducidos hoy pueden parecer razonables ante la creciente desigualdad global.
En el inicio un breve recorrido por el pensamiento tardío de Alhusser , sobre el materialismo aleatorio que omite el artículo de Lavinia Marchetti