El artículo de Ludueña muestra que la financiarización de la economía argentina ya no se expresa solamente en el mercado financiero. También se instala en los hogares, donde el crédito comienza a funcionar como una herramienta para sostener un consumo que los ingresos laborales ya no alcanzan a financiar.
La diferencia es sustancial. Mientras en la cúspide del sistema la deuda puede convertirse en un instrumento de valorización del capital, en los sectores populares y medios se transforma en una obligación sobre ingresos futuros.
El dato más significativo es que el endeudamiento se concentra en los hogares de menores ingresos. No estamos, por lo tanto, ante un problema de decisiones individuales de consumo, sino frente a una consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo y del deterioro de las condiciones de reproducción social.
La paradoja del modelo económico es evidente: mientras la valorización financiera ofrece oportunidades extraordinarias para quienes poseen capital, una parte creciente de la sociedad debe recurrir al crédito para llegar a fin de mes.
La timba financiera y la deuda cotidiana no son fenómenos desconectados: pueden ser las dos caras de una misma estructura económica. Arriba, el capital busca multiplicarse mediante las finanzas. Abajo, los trabajadores se endeudan para sostener su vida cotidiana.
La ofensiva contra Cristina Kirchner ya no se juega en un solo frente. Ficha Limpia, Bullrich, Lamelas, los grandes y no tan grandes medios y la Justicia Federal forman parte de un escenario donde distintos intereses pueden converger en un mismo resultado: que Cristina no vuelva a competir electoralmente. La disputa por la Sala I de la Cámara Federal muestra, a la vez, que también se pelea dentro de la Justicia por modificar una correlación de fuerzas que durante años resultó particularmente adversa al kirchnerismo.
La ofensiva de Trump sobre Venezuela tiene en el petróleo su verdadero núcleo estratégico. Más que cambiar un gobierno, Washington busca recuperar capacidad de decisión sobre una de las mayores reservas energéticas del planeta. La disputa no es solamente por quién extrae el petróleo, sino por quién controla la renta que produce. Y el caso venezolano plantea una pregunta incómoda para toda América Latina: ¿soberanía sobre los recursos o administración extranjera del excedente?
Hay una conexión particularmente relevante con el modelo que está construyéndose en Argentina alrededor de los hidrocarburos.
La pregunta que Venezuela vuelve a colocar sobre la mesa es: ¿Para quién se desarrolla el recurso?
No alcanza con aumentar producción, exportaciones e inversión extranjera. Hay que observar quién controla los activos, quién financia, quién exporta, quién recibe las divisas, qué impuestos y regalías quedan en el Estado y qué proporción de la renta termina en manos privadas.
Por eso, el caso venezolano constituye una advertencia mucho más amplia: la soberanía energética no se pierde únicamente cuando una potencia extranjera ocupa un yacimiento. También puede perderse cuando el Estado conserva la propiedad formal del recurso pero renuncia al control efectivo de su renta.