El artículo de Axios sintetiza una tendencia que diversos estudios vienen registrando desde hace años: los estadounidenses socializan cada vez menos, independientemente de la edad. El dato central proviene de la American Time Use Survey y muestra que el tiempo promedio diario dedicado a la interacción social cayó de 45 minutos a 35 minutos en las últimas dos décadas. Este proceso tiene consecuencias políticas importantes. Una sociedad con menos espacios de encuentro tiende a presentar menor confianza interpersonal, mayor polarización, menor participación en organizaciones colectivas y una ciudadanía más expuesta a la fragmentación informativa y a las dinámicas algorítmicas de las redes sociales.
En conjunto, el artículo sugiere que la disminución de la sociabilidad no es un simple cambio de hábitos, sino un indicador de una transformación profunda de la estructura social estadounidense. En el contexto del 250.º aniversario del país del norte, esta tendencia dialoga con otros síntomas de malestar registrados recientemente, como el aumento del pesimismo sobre el futuro y la pérdida de confianza en las instituciones. No hay registros en nuestro país pero, podemos inferir que la tendencia es similar en sus consecuencias sociales y políticas: asilamiento y fragmentación.
El artículo «Desigualdad y salud: pérdidas en las brumas del tiempo», publicado en Viento Sur, recupera una idea central de la epidemiología social: la salud de las poblaciones depende mucho más de las condiciones sociales que de las decisiones individuales o de la atención médica. A partir de esa premisa, cuestiona el predominio de enfoques biomédicos centrados en el individuo y propone volver a colocar la desigualdad social en el centro del análisis sanitario. El artículo concluye que mejorar la salud colectiva exige reducir las desigualdades sociales, no únicamente ampliar la cobertura sanitaria o desarrollar nuevos tratamientos. La salud aparece como un indicador sintético de la organización económica y política de una sociedad: cuando aumentan la precarización, la exclusión y la concentración de la riqueza, también se deterioran los indicadores sanitarios, aun cuando la tecnología médica continúe avanzando. En La Argentina como es obvio se combina deterioro de indicadores sociales con estancamiento de la tecnología méddica, salvo para el 30% de la cima de la pirámide de estratificación. 70/30, país fernet.
El artículo de Bruno Sgarzini plantea una tesis que se aparta de las explicaciones puramente geológicas sobre los terremotos en Venezuela. Su argumento central es que el desastre natural se convierte rápidamente en un hecho geopolítico porque ocurre en un país sometido desde hace años a sanciones económicas, aislamiento financiero y disputa internacional por sus recursos estratégicos. En otras palabras, el artículo privilegia una interpretación geopolítica del desastre más que una explicación multidimensional que sí existe y debe tenerse en cuenta. Su aporte consiste en recordar que los desastres naturales nunca ocurren sobre un «territorio neutro»: impactan sobre sociedades con determinadas condiciones económicas, políticas e institucionales, y esas condiciones influyen decisivamente en el número de víctimas y en la velocidad de la reconstrucción.