La idea no era mala. De hecho, parece que algún miembro de Bruselas o Washington leyó algún pasaje de la historia del principio del siglo XX y decidió que la definición del destino de los intereses generados por los fondos congelados, expropiados o retenidos a Rusia, por parte del G7 a causa de la invasión de Ucrania, debería darse en la reunión de Ministros de Finanzas y Gobernadores de los Bancos Centrales del G7 realizada en mayo de 2024 en Stresa, Italia.