Caracterizar el apoyo a la extrema derecha como una lección popular sobre los errores y fracasos de «la política» se ha convertido en una moda intelectual. Pero sin tomar en consideración las relaciones de dominación de clase, el análisis político subestimará siempre la batalla por la colonización simbólica del mundo burgués sobre el popular.
Los algoritmos están por todas partes, a un ritmo desenfrenado. Mientras vivimos en un vértigo que podríamos llamar aceleración algorítmica, una gigantesca literatura clama contra «la dictadura de los algoritmos» (Benasayag, 2019), los «algoritmos de opresión» (Noble, 2018) o las «armas de destrucción matemática» (O’Neil, 2020). Procedente de distintos orígenes, el pesimismo está muy extendido. Es habitual escuchar que estamos en un mundo «silicolonizado» (Sadin, 2016) donde el «auge de los datos [determina] la muerte de la política» (Morozov, 2018).
Hace un año, la Comisión Europea encargó a Mario Draghi que escribiera un informe histórico sobre el futuro de la economía europea. Draghi es un ex banquero de Goldman Sachs, ex director del banco central italiano y luego presidente del Banco Central Europeo, antes de convertirse brevemente en primer ministro de Italia. Por lo tanto, a los ojos de la Comisión, era claramente apto para buscar formas de salvar al capital europeo de quedarse rezagado respecto del resto del mundo.