El derrocamiento del gobierno dictatorial de Sheikh Hasina en Bangladesh por parte de estudiantes y la población la semana pasada es un resultado sorprendente del dominio de la crisis estructural sobre el aparato represivo de estado.
Durante los 6 seis meses de la gestión de gobierno de Javier Milei, las transferencias a las provincias tuvieron drásticas caídas en casi todos los rubros y hacia todas las jurisdicciones, «amigas» o no.
El otro del movimiento nacional y popular fue y es un poder económico extranjerizado para el cual esta tierra es simplemente un espacio de captura de riqueza a costa del resto del país. En esta lógica es que ha operado históricamente el discurso del odio.