La victoria de la Selección Argentina sobre Inglaterra trascendió lo deportivo. En este artículo, Bruno Sgarzini analiza cómo un partido de fútbol logró reactivar un sentimiento colectivo de pertenencia, orgullo y esperanza en un contexto de fragmentación social, mostrando que el fútbol, además de espectáculo, puede convertirse en un poderoso catalizador político y cultural en especial en un país donde el presidente de la nación reivindica a la criminal de guerra Margaret Thatcher y entrega sistemáticamente la soberanía territorial en nobre de «la libertad».
La proliferación de cámaras inteligentes capaces de registrar cada movimiento de millones de vehículos reabre en Estados Unidos un debate crucial sobre los límites de la vigilancia estatal. Mientras sus defensores las presentan como herramientas para combatir el delito, sus críticos advierten que la recopilación masiva de datos sin sospecha previa erosiona la privacidad, favorece el control social y pone en tensión principios fundamentales de las democracias liberales tradicionales.
El elogio de figuras asociadas a dos de las mayores tragedias de la historia argentina reabre un debate sobre los límites de la afinidad ideológica, la memoria colectiva y la responsabilidad política. Mientras un dirigente reivindica a Margaret Thatcher, responsable política del hundimiento del ARA General Belgrano, otro exalta a los responsables del bombardeo de Plaza de Mayo de 1955. ¿Qué ocurre cuando la admiración por determinados liderazgos termina relativizando la muerte de cientos de compatriotas? Este artículo analiza las implicancias históricas, políticas y éticas de esas reivindicaciones.