Pensar Brasil, la emergencia de Jair Bolsonaro y el nuevo modo de representación que ensaya Lula, en apariencia de «mayor moderación» que la que algunos analistas progresistas esperaban, debe interpretarse a la luz de los cambios estructurales de Brasil y en esta nota explicamos algunas claves.
La primera el impacto de la disindustrialización y la defraudación del PT como alternativa de gobierno durante la gestión de Dilma.
Comparaciones discretas, la aparición de Javier Milei también debe ser interpretada a la luz de las transformaciones estructurales de la Argentina y la defraudación del actual gobierno de Alberto Fernández.
En este sentido la candidatura de Sergio Massa apoyada por Cristina Kirchner debe leerse básicamente como resultado de esas transformaciones estructurales, la primarización de la economía argentina y la vuelta del FMI, tutela incluida, en el centro de la decisión, y ya no del «deseo» de correrse al centro o moderarse de Cristina Fernández.
Comparaciones discretas, el giro al centro de Cristina Kirchner mediante el apoyo a la candidatura de Sergio Massa, responde también al patrón de transformaciones estructurales del país, tal como Lula y el «lulismo» lo hace en Brasil.
En un escenario de triple empate, Sergio Massa debe lograr en este tramo de campaña dar señales concretas de mejoras en los ingresos -el candidato de Unión por la Patria ha prometido mejoras de ingresos para trabajadores formales, informales, jubilados y pensionados, como medidas paliativas-. Lenin sostenía que «la política es la expresión más concentrada de la economía» y si esto es así, el momento electoral es el summun de esa concentración.
El 15 de octubre se realizará la segunda vuelta electoral, cuyo resultado dependerá de varios factores. El primero de ellos es que Revolución Ciudadana potencie su peso regional en las seis provincias de la Costa ecuatoriana y en las tres provincias de mayor población —Guayas, Manabí y Pichincha— donde fue ganadora en la primera vuelta. Para ello deberá dar un giro en su discurso, pues si en la primera vuelta defendió lo que Rafael Correa hizo en el pasado, hoy se trata de proponer ofertas nuevas hacia el futuro, atendiendo los nuevos problemas que tiene la población. Revolución Ciudadana tendrá el desafío de ganar en flexibilidad, liderazgo y ampliar su electorado más allá del sector correísta.