La paradoja de Milei consiste en que su discurso giró el debate político hacia la derecha hasta un punto desconocido en el país. Sin embargo, de tan derechizada, la propuesta empezó a perder fuerza entre los sectores populares e, incluso, entre algunas elites que ven con preocupación la gobernabilidad en esas condiciones. Para colmo no figuró en las 8 elecciones provinciales acontecidas y no lo hará en las 4 que sigan Tucumán, San Juan, Mendoza y Corrientes, donde sumadas las 12 elecciones, ya habrá votado un 25% del padrón nacional. Sin duda se trata de tercios, pero «imperfectos».
Estados Unidos es el rey del descontrol macroeconómico, pero sin mayores reprimendas ni amonestaciones de los organismos internacionales que tanta pulcritud fiscal y crediticia le reclaman a los países endeudados. Al igual que Europa, que debería auto sancionarse por no cumplir con sus tratados, Estados Unidos debería implementar un plan de austeridad de magnitudes indescriptibles si cayera bajo la supervisión del FMI. Pero no va a pasar, para pagar estamos nosotros. ¿No es una pena?
La Ciudad de Buenos Aires, gobernada durante los últimos veinte años por la derecha, constituye un claro ejemplo de lo que el neoliberalismo puede hacer cuando opera a sus anchas sin oposición real alguna. Pero para cambiar el estado de cosas no alcanza solo con presentarse a elecciones. Hay que efectivamente ser oposición lo que supone producir otros efectos que promuevan otras «ideas». No ha sucedido aún, esperemos el impacto.