Como en su momento la Iglesia católica durante la dictadura, que asistía a los torturadores para que cumplieran su «tarea», Javier Milei recurre hoy al uso de una religión histórica para legitimar su política de manera obscena. Más allá de la convicción individual de los sujetos involucrados (que en esta dimensión de análisis no cuenta en absoluto), no parece adecuada esta utilización, los efectos trascienden ampliamente el ámbito religioso, en este post se señala y analiza uno.