La victoria de Daniel Passerini en Córdoba Capital y el discurso del gobernador electo Martín Llaryora encendieron una discusión política de larga data: el interior contra el AMBA. Por otra parte, venimos de años de campañas signadas por la prudencia, el colorear entre las líneas marcadas por las encuestas, aceptación de diagnósticos varios del desánimo social y falta de interés en la política, recitación de cifras y hechos como si constituyeran sentido por sí mismos. Lectura obsesiva de encuestas que se traduce en llanto por derrotas que todavía no sucedieron.
Vivir en un barrio rico o pobre influyó de manera determinante en el voto por una u otra candidatura en las elecciones generales del 23J. El PP arrasó entre el 1% más rico de España: en concreto, obtuvo el 60% de las papeletas en esas zonas, muy seguido por Vox, con el 16%. La desigualdad de renta se transforma en distancia de voto en el 1% más pobre, donde el PSOE se impone con más del 48% de las papeletas.
Una vez en segunda vuelta, la elección es incierta. Los votantes de alternativas menores, simpatizantes de Milei, heridas de la interna, ausentismo creciente, voto en blanco, son un combo cuyo comportamiento es imposible de pronosticar en un ballottage, en CABA y en el país.