Ecuador se encamina hacia lo que serán las elecciones más atípicas que hasta el momento ha enfrentado el país. Convocadas con apenas 90 días de antelación y en un contexto generalizado de desánimo y apatía social, se estipuló que el período de campaña electoral se limite a ocho días. El cronograma establecido por el Consejo Nacional Electoral convoca a los 13,4 millones de electores ecuatorianos a votar en primera vuelta el próximo 20 de agosto y, muy previsiblemente, a una segunda vuelta el 15 de octubre. Un paisaje reiterado en la región que sacude su desencanto tras la década ganada con que el siglo XXI inició su despliegue.
De la mano de la megaconcentración del ingreso urbi et orbi –y la Argentina no es la excepción, como lo mostramos varias veces en estas mismas columnas–, agoniza la “amplia avenida del medio”, sostenida en su momento en las figuras ya emblemáticas de Bill Clinton en los EE.UU., Tony Blair en Reino Unido, Gerhard Schröder en Alemania, Felipe González en España, François Mitterrand en Francia, Raúl Ricardo Alfonsín en la Argentina, Fernando Henrique Cardoso en Brasil. En ninguna elección regional el «centro político» superó el umbral del simple testimonio. Larreta insiste en su estrategia de campaña orientada a «superar la grieta» y así le va.
Es necesario que el Partido Laborista ponga un freno a los ataques del gobierno británico a los derechos de huelga, protesta y voto de los trabajadores. Lamentablemente, dice Jeremy Corbyn, un partido que no respeta la democracia dentro de su propia organización es incapaz de defenderla hacia afuera.