Fragilidad económica, deuda y los límites del modelo actual

Fragilidad económica, deuda y los límites del modelo actual

La economía argentina enfrenta una transformación que va mucho más allá de la baja de la inflación o del equilibrio fiscal. Como advierte Pablo Manzanelli, detrás de los datos oficiales aparecen una crisis de ingresos, desindustrialización, fuga de capitales y un endeudamiento creciente que vuelve a colocar al FMI en el centro de la escena. El modelo de Milei no sólo está modificando la distribución del ingreso: está reconfigurando la estructura productiva en favor de los sectores concentrados, con una economía cada vez más dependiente de la exportación de recursos naturales y del ingreso de dólares. La pregunta decisiva ya no es cuánto crece la economía, sino qué economía está creciendo, quién se apropia de ese crecimiento y quién paga sus costos.

septiembre 12, 2026
Trump rearma el imperio y Milei entrega la periferia

Trump rearma el imperio y Milei entrega la periferia

Lapavitsas permite leer el momento actual del capitalismo mundial desde una perspectiva que va más allá de Trump como fenómeno político. Su tesis central es que Estados Unidos no está abandonando el imperialismo, sino reconfigurándolo frente al desgaste de su hegemonía. El dólar y el poder militar aparecen como dos dimensiones de una misma estructura de dominación: la coerción financiera, tecnológica y comercial se articula con la capacidad militar para sostener una posición de privilegio que ya no puede reproducirse exclusivamente mediante el consenso del viejo orden liberal. En este sentido, el trumpismo expresa una transformación del imperialismo norteamericano: menos universalismo liberal, más nacionalismo económico y una utilización mucho más explícita del poder estatal para defender los intereses estratégicos de Estados Unidos. Aranceles, sanciones, control tecnológico, presión sobre aliados, disputa por recursos estratégicos y despliegue militar no son políticas aisladas, sino instrumentos de una misma estrategia. La paradoja es que cuanto más se deterioran las condiciones que permitieron la hegemonía estadounidense posterior a 1945, mayor es la necesidad de recurrir a la coerción para preservarla. Desde una perspectiva gramsciana, podría decirse que cuando disminuye la capacidad de construir hegemonía mediante consenso aumenta el peso relativo de la coerción. Y esta transformación permite comprender mejor el papel de la Argentina de Milei. Trump busca reconstruir la primacía estadounidense desde el centro del sistema; Milei intenta insertar a la Argentina, desde la periferia, en esa nueva arquitectura de poder. No se trata simplemente de una política exterior alineada con Washington, sino de una concepción del desarrollo nacional subordinada a las necesidades estratégicas del capital y de Estados Unidos. Litio, petróleo, gas, Vaca Muerta, minerales críticos, infraestructura, alimentos y territorio adquieren así una dimensión geopolítica que excede ampliamente el intercambio comercial. La cuestión decisiva pasa a ser quién controla esos recursos, quién captura la renta y quién determina su destino estratégico. Allí aparece el problema de la soberanía. Si el nuevo imperialismo estadounidense combina dólar, tecnología, finanzas, energía y poder militar, una Argentina que ofrece sus recursos estratégicos y su política exterior a cambio de integración subordinada corre el riesgo de convertirse en una plataforma periférica de esa estrategia imperial. Por eso el fenómeno Milei no debería analizarse como una excentricidad ideológica ni solamente como una versión extrema del neoliberalismo: constituye también una respuesta periférica a la reorganización del capitalismo mundial. La paradoja histórica es contundente: mientras Estados Unidos procura recuperar margen de maniobra mediante un Estado más intervencionista y proteccionista, Milei propone precisamente lo contrario para la Argentina, desarmando capacidades estatales y entregando al mercado —y crecientemente al capital extranjero— áreas estratégicas. Trump intenta reconstruir el poder imperial desde el centro; Milei ofrece reorganizar la periferia en función de ese poder. En esa relación se encuentra una de las claves para comprender la actual disputa por los recursos, la soberanía y el lugar de la Argentina en el nuevo orden mundial. En la apertura la importancia de los apraratos ideológicos. Santiago Caputo adoctrinando, esto es consolidando la formación de cuadros afines en la Universidad Di Tella. Es su derecho.

septiembre 12, 2026
Malvinas: Una pieza en el tablero geopolítico

Malvinas: Una pieza en el tablero geopolítico

El artículo de Bruno Sgarzini es particularmente útil para profundizar una tesis que venís trabajando: el giro de Milei sobre Malvinas puede leerse menos como un viraje nacionalista que como una operación política destinada a desplazar la discusión sobre la crisis económica y recomponer una legitimidad que se deteriora.
La entrevista con Alejandra Loucau aporta varios elementos fuertes: Loucau sostiene explícitamente que Milei utiliza Malvinas como un “atajo político” para recuperar apoyo y desplazar del centro del debate la situación económica, el endeudamiento y el deterioro social.
Contradicción ideológica: el mismo Milei que reivindicó a Margaret Thatcher y relativizó históricamente la cuestión Malvinas aparece ahora como defensor de la soberanía. El contraste cuestiona la autenticidad del giro. Nacionalismo de mínima: las sanciones a empresas que operan en Malvinas no constituyen por sí mismas una nueva política de Estado. Loucau señala que existe legislación argentina previa que contempla esas sanciones y que, por lo tanto, la novedad reside también en la espectacularización comunicacional de una medida que debería formar parte de una política permanente.
La cuestión económica: el punto político más potente es que la soberanía aparece como una operación de sustitución de agenda: en lugar de discutir quién paga la crisis, quién se endeuda, quién pierde ingresos y quién se beneficia con el modelo económico, se instala una cuestión nacional que posee una enorme capacidad de movilización simbólica.
Trump y Malvinas: la entrevista introduce otra dimensión interesante: Malvinas puede estar siendo utilizada por Trump como una ficha en su negociación con Gran Bretaña, especialmente alrededor de la OTAN y de cuestiones estratégicas. Argentina correría así el riesgo de convertirse en instrumento de una negociación entre potencias.
Israel: el apoyo israelí tampoco debería interpretarse automáticamente como solidaridad con la Argentina. Loucau plantea que Israel puede utilizar Malvinas como carta diplomática frente al Reino Unido y para mejorar su propia posición internacional.
Hay además un dato coyuntural importante: otros análisis publicados esta semana también vinculan directamente el giro de Milei sobre Malvinas con su situación política interna y con el descenso de su aprobación.
El problema no es que Milei hable ahora de Malvinas; el problema es qué relación existe entre ese súbito nacionalismo y su política económica.
Ahí aparece una contradicción de clase muy potente. El Gobierno puede construir un discurso de soberanía territorial mientras sostiene una política económica que, según la crítica que venís desarrollando, favorece la valorización financiera, la extranjerización de recursos estratégicos y una inserción internacional subordinada.
La pregunta entonces no sería simplemente: ¿Milei se volvió nacionalista? más específicamente ¿Puede un gobierno reivindicar Malvinas mientras subordina la soberanía económica y energética? Este contraste permite conectar Malvinas, Vaca Muerta, recursos naturales, deuda y política exterior. Y ahí la denuncia adquiere mucha más fuerza: la soberanía no puede reducirse a una consigna territorial utilizada electoralmente; también implica decidir quién controla los recursos, quién se apropia de la renta y qué intereses define la política exterior argentina. El paralelismo histórico con Galtieri es provocador y evidente: la idea de que una potencia occidental está en decadencia y que Estados Unidos acompañará a la Argentina recuerda peligrosamente los absurdos supuestos de 1982. En el inicio el reportaje de Sgazini a Alejandra Locau.

septiembre 11, 2026