Del Chile de Pinochet a la Argentina de Milei: La dictadura del capital

Del Chile de Pinochet a la Argentina de Milei: La dictadura del capital

El recuerdo del golpe del 11 de setiembre de 1973 en Chile cobra notable actualidad tanto en el país trsandino como en el nuestro.
Pinochet representa la versión autoritaria originaria del neoliberalismo latinoamericano; Milei representa uno de sus intentos contemporáneos de radicalización por vía electoral y proscripción en la oposición
No son políticamente idénticos. Pero pueden ser colocados dentro de una misma genealogía de transformación de las relaciones entre Estado, mercado y clases sociales.
Y el peligro de borrar esa genealogía es enorme: porque cuando se presenta a Pinochet exclusivamente como un reformador económico, desaparece de la fotografía aquello que el informe secreto revela con crudeza: que detrás de la transformación económica existió un Estado capaz de ejercer violencia sistemática contra quienes podían resistirla. Bajo otro formato la represión primero física el 1 de setiembre de 2022 y luego judicial a partir de su apresamiento y proscripción el 17 de junio de 2025, muestran que el modelo inaugurado por la dictadura pinochetista sigue desplegándose en la región bajo formatos diversos pero un único fin: La dictadura del capital. En suma, Chile 1973 y Argentina 2025 muestran contextos históricos diferentes, pero la discusión sobre democracia, proscripción, poder judicial y reestructuración social vuelve a colocar en primer plano la relación entre poder político y poder económico.

septiembre 11, 2026
El Estado como socio de la adicción: cuando el mercado convierte la vulnerabilidad juvenil en negocio

El Estado como socio de la adicción: cuando el mercado convierte la vulnerabilidad juvenil en negocio

La llamada “economía de la adicción” ya no puede pensarse como un fenómeno marginal: apuestas online, pornografía y consumos problemáticos se expanden al amparo de un capitalismo digital que convierte la vulnerabilidad social en negocio. Entre la desregulación, la precarización y el pragmatismo fiscal, el Estado corre el riesgo de pasar de garante de derechos a socio indirecto de industrias que lucran con la dependencia, mientras una generación de jóvenes queda atrapada entre el mercado, el endeudamiento y la ausencia de expectativas de futuro. En la apertura Tucker Carlson dialosga con Saagar Enjeti que habla sobre quiénes se están enriqueciendo con la destrucción de los hombres jóvenes en Estados Unidos.
Saagar Enjeti es el presentador de Breaking Points with Krystal and Saagar, disponible en YouTube y en tu plataforma de podcasts favorita. Saagar trabajó anteriormente en The Daily Caller como corresponsal en la Casa Blanca. En este reportaje es particularmente interesante porque nos muestra otra faceta de «hacia dónde estamos yendo» en nuestro país.

septiembre 11, 2026
El regreso de Fukuyama: ahora resulta que el Estado importa

El regreso de Fukuyama: ahora resulta que el Estado importa

La paradoja histórica es significativa: Francis Fukuyama, el intelectual que proclamó el triunfo definitivo de la democracia liberal y el capitalismo, observa ahora que la derecha estadounidense llevó demasiado lejos su guerra contra el Estado. La deslegitimación de la burocracia pública, compartida durante décadas por sectores conservadores y también por parte de la izquierda, terminó creando las condiciones para el avance de Trump y de una derecha que ya no pretende simplemente reducir el Estado, sino capturarlo y utilizarlo contra sus propios mecanismos de regulación democrática.
Esta problemática permite conectar a Fukuyama con una discusión más profunda sobre Milei, la Ilustración oscura y la nueva derecha. El problema ya no es solamente cuánto Estado debe existir, sino quién controla el Estado y para qué intereses de clase. La retórica de la eficiencia, la desregulación y la eliminación de la burocracia puede presentarse como una defensa de la libertad individual, pero en determinadas condiciones funciona como una estrategia para desarmar las capacidades estatales que limitan el poder económico concentrado.
Ahí aparece la contradicción central del neoliberalismo: necesita un Estado fuerte para imponer la desregulación, pero simultáneamente construye el discurso de que ese mismo Estado es el enemigo.

Fukuyama parece advertir ahora que el resultado de esa operación no es necesariamente un mercado más libre ni una democracia más eficiente. Puede ser, por el contrario, un Estado debilitado en sus capacidades públicas pero fortalecido en sus dimensiones coercitivas y ejecutivas. Trump representa, para Fukuyama, esa deriva: una derecha que dejó atrás al conservadurismo institucional tradicional y que ya no acepta las restricciones liberales sobre el poder político.
Desde una perspectiva gramsciana, podría formularse de otro modo: la batalla no se libra entre Estado y mercado, sino por la dirección política del Estado y por la capacidad de las clases dominantes para convertir su propia visión del mundo en sentido común.
Y allí la experiencia argentina adquiere especial relevancia. Milei lleva al extremo latinoamericano esa misma operación ideológica: presentar al Estado como enemigo de la sociedad mientras se utilizan las instituciones estatales para transferir ingresos, disciplinar al trabajo, desregular mercados y favorecer la concentración económica. La paradoja es que el supuesto “antiestatismo” no elimina al Estado: lo reconfigura en función de otra relación de fuerzas sociales.
La evolución intelectual de Fukuyama resulta entonces significativa no porque abandone el liberalismo, sino porque revela una crisis dentro del propio campo liberal. El hombre que anunció el “fin de la historia” comienza a reconocer que la historia no terminó: regresó bajo la forma de una disputa por el Estado, la democracia y el poder social. En la apertura Fukuyama sobre Trump, Vance, Putin y la guerra de Ucrania sin dejar de menoscabar a las corrientes socialistas que se consolidan al interior del partido Demócrata.

septiembre 10, 2026